Las lecciones aprendidas

La epidemia ha monopolizado el mundo entero, no hay día en que no inunde la televisión, las redes sociales y el internet, así como la mayoría de nuestros hogares y mentes. Nos ha demostrado que ninguna sociedad es inmune a la biología y que no hay ningún rincón en el universo que se escape de la infección de este virus. Las revistas científicas se encuentran desbordándose en artículos sobre este enemigo microscópico, en un afán de conocer y compartir experiencias adquiridas en otros países. Parece que todos tenemos algo que aportar. Sin embargo, esta “covidización” de la investigación biomédica ha dado paso a publicaciones sin revisión por pares y artículos publicados con una metodología cuestionable, aún en revistas de alto impacto. Esto es un reflejo aquileo de la desesperación que experimenta la medicina moderna, en tan solo uno de sus múltiples ámbitos. Sin embargo, debemos recordar el principio hipocrático primum non nocere, antes de ofrecer tratamientos observacionales sin pruebas científicas que a la larga podrían causar más daño que un beneficio hipotético. Debemos practicar el método científico y la medicina basada en evidencias. No debemos dejarnos llevar por las noticias falsas o por las emociones.

Nos enfrentamos a falta de unidades de cuidados intensivos y de ventiladores mecánicos; a la encrucijada del triage del paciente críticamente enfermo. ¿A quién se le debe dar una cama de cuidados intensivos y a quién se debe manejar con cuidados paliativo meramente? Este fenómeno no se había visto jamás y es un gran desafío para la bioética. Es un gran desafío también para el razonamiento individual y colectivo. La pandemia es una humilde lección en democracia ya que está afectando sistemas de salud en el primer mundo y en países en vías de desarrollo por igual, sin distinguir clases sociales o cifras de producto interno bruto.

El Premio Nobel Daniel Kahneman describe dos frases de pensamiento cerebral en respuesta a un problema. En la primera fase tomamos decisiones automáticas basadas en información previamente aprendida, mientras que la segunda fase estudiamos detenidamente el problema y actuamos en base a un proceso de integración cognitiva compleja. La fase uno es altamente disfuncional si la información recibida nos aturde, impidiendo el delicado proceso de reflexión y análisis. La respuesta aquí es clara, el hecho de tener que actuar rápido no significa que hay que actuar desmedidamente.

En palabras de Yuval Harari, como humanidad tenemos que tomar una decisión muy importante, quizá la más importante de nuestra historia. ¿Qué camino debemos tomar ahora? ¿Debemos cerrar las fronteras (físicas o no) para aislarnos de una manera reactiva o debemos trabajar juntos en solidaridad para la cooperación global? El primero no sólo prolongará la crisis, sino que probablemente resulte en más catástrofes en el futuro. Si escogemos el segundo tendremos una victoria no sólo en contra del coronavirus, pero también en las epidemias futuras y otras crisis que afectan a la humanidad en el siglo XXI.

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