C’est la femme

“En el examen de la enfermedad, ganamos sabiduría sobre la anatomía, la fisiología y la biología. En el examen de la persona con enfermedad, ganamos sabiduría sobre la vida.”

-Oliver Sacks

Para: MFCC

JTL es un paciente que acude a la consulta externa por múltiples enfermedades incluyendo demencia vascular y un tipo de arritmia llamada fibrilación auricular. El corazón late de manera anormal y genera coágulos que viajan por las arterias del cerebro, afectando distintas partes de la corteza y la subcorteza. Su mayor afección es en su memoria, cuestiones viso-espaciales y ejecutivas. Se encuentra bajo anticoagulación para prevenir nuevos infartos cerebrales.

Se traslada desde Xochimilco y siempre llega tarde a sus citas. Tiene 89 años y se desplaza en silla de ruedas. Su esposa, algunos años menor que él, siempre lo acompaña, también en silla de ruedas. Su único hijo, de una manera muy creativa, logró hacer que las dos sillas se conecten entre sí (como una especie de tren), para poder trasladar a los padres (y abuelos) con mayor facilidad. JTL ocupa la silla de adelante, y ella la de atrás. Siempre es así cuando me visitan.

Me da gusto ver a JTL, porque aunque él y yo sabemos que no hay mucho que hacer en cuestiones de restaurar su función previa, ambos tratamos de prevenir que su enfermedad vaya avanzando y buscamos estrategias para no perder calidad de vida. Ausculto su tórax mientras palpo su pulso para verificar el latido irregular de la fibrilación auricular, y me detengo a ver como siguen sus funciones mentales superiores, posteriormente los nervios craneales, la fuerza, reflejos, sensibilidad, y la integridad del cerebelo. Hacemos este ritual que a veces es tan coordinado que bien podría ser una danza, una coreografía.  Su demencia es avanzada por lo que no recuerda muchos de sus medicamentos. Sin embargo su esposa, a pesar de su edad, se encuentra cognitivamente intacta y es la que siempre logra recitar el horario, la dosis y efectos adversos de todos los medicamentos que toma con la perfección de un reloj suizo. Incluso lleva una pequeña libreta en donde apunta todo lo referente a indicaciones médicas. Su devoción es total, realmente no podría pedir una mejor compañera y cuidadora.

La primera vez que me tocó atender a JTL me asombró de sobremanera su relación con su esposa, gracias (o a pesar) de que llevan 65 años de casados. Son inseparables, en toda la extensión de la palabra, sobre todo si recordamos que literalmente se mueven juntos.

Cautivado, me atreví a preguntarle cual era la clave para lograr que un matrimonio funcionara por todo ese tiempo. A pesar de la degeneración cerebral que padece, hay momentos de franca lucidez y lo que me respondió nunca olvidaré (incluso lo apunté en mi propia libreta aquella mañana del 13 de abril del 2017 a las 8:40 am):

“Doctor, lo que determina el éxito o fracaso en la vida de un hombre “c’est la femme” («es la mujer»).

JTL, hombre de 89 años cumpliendo 65 de casado.

La hemorragia talámica y el abanico de madera

C. era una mujer diestra de 41 años que desarrolló una hemorragia cerebral masiva en el tálamo derecho secundaria a una crisis hipertensiva.

El tálamo, una estructura profunda con muchos núcleos de substancia gris, sirve como sistema de relevo cerebral y entre otras funciones, regula el ciclo de sueño-vigilia junto con el hipotálamo.

A mi me tocó recibir a C. en piso, después de que pasó mucho tiempo en la unidad de cuidados intensivos. La tomografía de cráneo a su ingreso era ominosa. La hemorragia se expandía fuera de los límites del tálamo con mucho edema perilesional, desplazamiento de estructuras, sangre intraventricular e hidrocefalia. En fin, una catástrofe intracraneal.

En un principio pensé que no iba a sobrevivir a aquella hemorragia masiva. En contra de mi propia expectativa, sobrevivió el insulto inicial y subió a piso con traqueostomía, gastrostomía y parálisis de todo el hemicuerpo izquierdo. No abría los ojos, no respondía órdenes, no había seguimiento ocular; prácticamente se encontraba en un estado de coma. Una verdadera tragedia en una mujer tan joven. Irreversible, pensé.

Sin embargo, al pasar de los días me tocó evidenciar un fenómeno muy interesante. Un día entré a su cuarto y C. estaba perfectamente despierta, con un abanico de madera en su mano derecha, ventilando aire tranquilamente. El abanico era uno de esos que provienen de alguna zona muy calurosa del país (probablemente Mérida o Veracruz) y que despiden cierto aroma a perfume cuando se usa. Me llamó tanto la atención, que su hermana se acercó a mi me dijo que toda su vida había sido muy calurosa y siempre cargaba ese abanico. Al pasar de los días el calor se volvió insoportable y tuvieron que poner un ventilador eléctrico portátil y no volví a ver aquel abanico.

Desde ese día pude interactuar con ella con relativa facilidad. Podía seguír órdenes sencillas (con obvias limitaciones al no poder mover su parte izquierda del cuerpo) y me escribía en una pequeña libreta sus dudas, acerca de la enfermedad y sobre todo preguntándome cuando podría regresar a casa. Siendo diestra, su hemisferio dominante era el izquierdo, el cual estaba intacto y pareciera que estaba tomando el papel del otro hemisferio dañado.

En la ultima tomografía el sangrado había disminuido notablemente, sin hidrocefalia, solo una cicatriz en un tejido que no siempre es tan benévolo en cuanto a regeneración.

Aún no encontramos la causa de la crisis hipertensiva, pero de todos los síndromes talámicos que me ha tocado ver, este es sin duda uno de los más sorprendentes.

Mi principal error con C. fue ver la tomografía antes de verla a ella. Me recordó que tratamos pacientes, y no tomografías. Al verla usar ese abanico, aunque solo fuera por un día, y posteriormente poder interactuar con ella, me di cuenta de la integridad de sus circuitos neuronales y de cómo el cerebro busca la manera de adaptarse a ese daño que quizá no era tan irreversible después de todo.

C. me enseñó una importante lección:

«Sigo aquí dentro; y tengo calor».